DE LA PANDEMIA A VENEZUELA

–¿Edward, la pandemia disminuyó los casos judiciales o siguen iguales?
–Yo pensé que iba a disminuir la criminalidad por el tema de la pandemia, pero el trabajo se duplicó. Primero comenzaron los cacerolazos, luego, vinieron las protestas por las ayudas de mercados, después, las peleas por las entregas, más tarde, los cierres de vías en los barrios del sur y quién lo creyera: comenzaron los atracos en forma. Así como se reactivó el comercio y se reactivó la delincuencia.
–¿Cómo analiza el fenómeno delincuencial venezolano?
–Es un tema muy complicado. Para nadie es un secreto que las URI están repletas de antisociales venezolanos. Pero he notado que ellos son muy agresivos, sus ataques pueden ser más violentos que los colombianos. Ellos embisten sin piedad y eso me parece terrible. No les importa mucho si los apresan o si los condenan. Ellos siguen delinquiendo como el caso de la enfermera que falleció por robarle una bicicleta.
–¿Qué le hace falta a Bogotá en tema de seguridad?
–Todo. Yo creería que a Bogotá le falta generar sentido de pertenencia, empezando por las autoridades. La ciudad está llena de colombianos en Bogotá. Aquí todo el mundo viene a dañar y a desordenar, porque no quieren este territorio.
Bogotá es el sitio de llegada desplazados de todo el país y del punto de encuentro de miles de venezolanos.
–¿Le colaboran las autoridades con sus trabajos?
–Ellos me buscan para que les muestre los positivos, lo cual me parece bueno, pero no son claros con los medios cuando se trata de otros temas y sus respuestas siempre son: “todo es materia de investigación”. De ahí no salen.
–¿Ha tenido algún problema con la Policía?
–Una vez hicimos una nota con una coronel Molda, quien se accidentó en la Avenida Boyacá con Avenida Suba, estaba borracha, dando mal ejemplo. Pensé que los generales de la Policía me recriminarían, pero no, me terminaron agradeciendo.

–¿Qué periodistas judiciales admira?
–Hay mucha gente. Me gustaba el trabajo de Juan Carlos Giraldo, lo respeto. Manuel Teodoro, Diego Guaje, quien la tiene súper clara, Marcela Pulido, una súper investigadora. Daniel Coronel, por las fuentes que tiene. Adriana Villamarín quien fue mi jefe.
–¿Le gustaría tener un programa suyo en el canal y sobre qué lo haría?
–Claro. Me gustaría que se llamara “Qué pasó con” para investigar y seguirle el hilo a las historias.
–¿Ha pensado en escribir una novela sobre los sucesos que ha encontrado?
–Me viene rondando en la cabeza la idea y tengo algo escrito. Son miles de historias que bien valen la pena recordarlas y contar cómo se lograron y cómo se convirtieron en noticias. La cuestión mía se complica por los horarios, pero sigo tomando nota.
–¿Quiénes estuvieron detrás de las manifestaciones de noviembre?
–No lo sé, pero si existen personajes detrás de esas manifestaciones. No es casualidad que un día rompan los vidrios de TransMilenio; al otro día, marchen pacíficamente. No es casualidad que, al otro día, haya saqueos en bancos. No es casualidad que comiencen los cacerolazos. No es casualidad que los mismos personajes permanezcan en los mismos sitios después de recibir ayudas. Alguien debe estar moviendo eso.
–¿Ya se acostumbró a los gases lacrimógenos?
–Nunca. Siempre se va a llorar y habrá sensación de ahogo. No es fácil. Los que cubrimos esta fuente sabemos que tenemos que chupar gas lacrimógeno. ¿Cómo evitarlo?, difícil. La gente dice que, con leche, pero eso no funciona. Al final, el remedio está en no parpadear tanto y dejar que el ojo llore.
–¿Qué nota le ha roto el alma?
–Me rompen el alma los hechos en los cuales están relacionadas con niños. Un crimen con un menor de edad es punzante. He llegado a ver sus ropitas y algunas escenas escabrosas. ¿Cómo olvidar el tema de Yuliana Samboní? Esa nota me trastocó. Fue muy duro. Soy un redactor judicial, pero también soy un ser humano muy sensible. No entiendo cómo una persona puede hacerle tanto daño a una inocente criatura.







