
LA DOCENCIA INTRÉPIDA DE HOY
CREPITACIONES 2020

Admiro y me les quito el sombrero a mis compañeros MAESTROS de hoy en día, a quienes la tormenta mundial del Covid-19 los sorprendió en sus tradicionales sitios de trabajo, al pie del cañón, de frente y con toda la contundencia del caso, durante el primer mes del presente año, cuando estaban “calentando motores”, como se dice en el lenguaje cotidiano, listos para el nuevo año escolar 2020.
Y los admiro en primer lugar, por este motivo fundamental, porque en la contundente historia sindical del magisterio, plena de sacrificios, con sangre, sudor y lágrimas, de luchas interminables en las calles, de paros justos y reivindicativos por conseguir la dignidad a que tenemos derecho, de ingratitudes al por mayor de parte de los gobiernos de turno, es la primera vez que les toca luchar otra vez en forma intrépida, cambiando de escenarios en forma abrupta, pasando de los salones de clase y de los contactos y vivencias cara a cara, más humanos y plenos de convivencia, risas y juegos, a otros muy diferentes, donde ahora son tutores y orientadores de guías y talleres por internet, ya sea en computadores, tablets, smarphones, es decir, entrando de lleno y sin previo aviso, a las teleclases, donde también cambiaron los roles de los padres de familia, para convertirse en tutores caseros, para tratar de ayudar a sus hijos.
De esta manera, se produjo un “cambio brutal”, como lo dijo otro colega, un cambio muy drástico, donde el verdadero culpable es como siempre el Estado indolente, el Estado improvisador y politiquero, que desde hace tiempo, debió implementar verdaderos cambios estructurales en el sistema educativo colombiano, en sus diferentes niveles, brindando una verdadera educación de calidad, en el sector público, tanto en obras escolares, equipamientos, materiales educativos, alimentación escolar, sin olvidar nunca el aspecto salarial, tan importante, necesario y vital.
Ya que hablo de equipamientos, ese Estado indolente, hace tiempo que debió dotar en forma y con todas las de la ley a todas las sedes educativas, tanto urbanas como rurales, de internet gratis, computadores, y demás elementos necesarios para una verdadera educación virtual, que hoy en día por culpa de ese bendito Coronavirus-19, “ha condenado a muchos hogares y familias colombianas de estratos 1 y 2, a un verdadero infierno de conectividad”, al decir del periodista y columnista Juan Lozano. Las estadísticas en este aspecto, son muy dramáticas: según la Universidad Javeriana, más del 50% de estudiantes del grado 11 no tienen computador NI INTERNET, en las escuelas y colegios públicos, apenas el 67% tienen cobertura virtual y en el sector rural es peor, apenas un mínimo 10%.
Vistas así las cosas, podemos concluir que los maestros siempre hemos conservado nuestro rol de ser intrépidos, antes del Covid-19 y ahora, con más mística y pasión, ante un estado ingrato que nunca nos ha valorado como debe ser. Ya lo expresé en cierta ocasión: “SIENDO MAESTRO / DESCUBRÍ QUE EN COLOMBIA /NUNCA SE LE VALORA / CON DIGNIDAD / Y QUE SIEMPRE A CADA INSTANTE /DE SU PACIENTE VIDA / ¡HAY QUE LUCHAR POR ELLA!… / ¡HASTA EL FINAL!… /
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