martes, 30 de junio de 2020

Poemas a la mujer negra

Poemas a la mujer negra



Poemas a la mujer negra

Apareció recientemente en Ecuador la antología La muchedumbre de tu risa. La mujer negra en la poesía, que recoge poemas de autores de distintas tradiciones líricas, autores que van de Rubén Darío a Derek Walcott. El libro fue recopilado por Carlos Garzón Noboa.

 

 

 

 

LA MUCHEDUMBRE DE TU RISA: BREVE HISTORIA DE UN LIBRO

 

 

La historia de este libro comenzó hace muchos años con el descubrimiento

de una obra magistral del poeta ecuatoriano Paco Tobar García, titulada La luz labrada: diamante de palabras y silencios, tallado de manera primorosa para Elena Caicedo Tenorio, hermosa y altiva mujer negra del norte de Esmeraldas, quien, en palabras del

propio poeta, «prefirió la noche iluminada al cielo raso». Dicha obra, tengo la certeza, es y será un referente de la poesía amatoria de todos los tiempos, equiparable al Cantar de los cantares o a los mejores poemas del oceánico Pablo Neruda.

La lectura de La luz labrada me cautivó desde el primer instante; porque, al igual que en el milenario texto bíblico, atribuido al sabio rey Salomón, en los versos de nuestro poeta palpita un amor inconmensurable a una mujer de raza negra: pasión telúrica

nimbada de un hechizo que se ha mantenido radiante y joven desde los albores de la Humanidad. Esta obra de Tobar García constituye, además de un reconocimiento al dolor que tuvo que soportar con valentía el pueblo negro, arrancado de su natal África, una celebración en honor a su musa de ébano, por esa alegre generosidad tan característica de su raza y por ese corazón musical, tam-tam frenético, que se ha escapado de la jaula de su pecho para embriagar a la poesía con su ritmo; recordemos que Salomón cantaba: «Mejores que el vino son los besos de tu boca». Celebración enlazada a esa poderosa y matriarcal voz convocando a los ancestros y a la prodigiosa esbeltez de su figura siempre dispuesta al baile, porque sabe que los viñedos de la felicidad todavía existen. En definitiva, La luz labrada es un canto glorioso al orgullo de amar a una MUJER NEGRA, así, con mayúsculas; mujer cuya singular belleza se manifiesta gracias al magnético resplandor de su piel teñida con el sudor de la noche y a su inextinguible erotismo que seguirá floreciendo como un árbol en llamas desde el jardín del Edén. Hermosura que se reafirma en ese cabello duro y crespo, tantas veces acariciado, expandiéndose como un sol en éxtasis sobre la palmera de su cuerpo; y, en especial, en aquellos labios gruesos, fruta madura, desde cuyo horizonte nace la muchedumbre de una risa franca y contagiosa, de dientes blanquísimos: luna llena que ilumina, de repente, el cielo de su rostro; dulce carcajada que halla su perfecto equilibrio en una nariz ancha, del tamaño de su alado corazón, para abrazar en su plenitud el hálito urgente de la vida. Por estos dones, la mujer negra también me inspira un amor obsesivo, sublime, sin fronteras…, que, debo confesar, lo he gozado y sufrido en carne propia con total entrega. Este sentimiento es el motivo primordial que me ha llevado a publicar LA MUCHEDUMBRE DE TU RISA, trabajo que ahora de la manera más cordial pongo a disposición de ustedes.

Siguiendo con el tejido de esta historia, después de leer y releer, muchas veces y con la misma devoción, La luz labrada, presentí que sería una magnífica experiencia hacer un libro cuyo eje sea la belleza de la mujer negra, belleza retratada en cuerpo y alma, y que sus páginas atesoren los poemas más representativos que se hayan escrito al respecto alrededor del orbe y en todas las épocas. En las antologías de poesía negra consultadas hasta entonces, la mujer africana y afrodescendiente se encontraba como protagonista de extraordinarios poemas, pero siempre subordinada a contextos sociales de identidad, rebeldía, denuncia o reivindicación; nunca su belleza ni sus valores como ser humano habían sido el tema fundamental de aquellas investigaciones. El trabajo se vislumbraba

arduo; sin embargo, una de las virtudes que a veces otorga el amor es la paciencia; una «ardiente paciencia», como bien titula a una de sus novelas el chileno Antonio Skármeta. Es así que, a la par que desarrollaba mi vocación pictórica, siguiendo el ejemplo de un ilustre predecesor: el gran maestro de origen alemán Guillermo Wiedemann, quien plasmó en fabulosos lienzos la espiritualidad de la mujer negra del

Chocó colombiano, empecé a recopilar cuanto texto en verso o prosa encontraba en el camino (quizás eran esos mismos textos los que, también, venían a mí intuyendo mi deseo), con el regocijo de que algunos entrañables colegas crearon poemas exclusivamente para esta antología.

La cosecha fue pródiga; no obstante, hacía falta una minuciosa selección. Esta labor la realicé con tanto empeño que desearía que cada poema se convirtiese, al mejor estilo de Las mil y una noches, en una maravillosa ofrenda para la mujer negra del Ecuador y del mundo. Quiero dejar constancia de mi gratitud a Teresa Álvarez por la “muchedumbre de su risa” y por su infatigable generosidad, y a la Casa de la Cultura Ecuatoriana que acogió con entusiasmo la publicación de este libro.

También quiero agradecer de manera especial a mis padres y a entrañables amigos como Gabriel Cisneros Abedrabbo, Lirio del Valle, Elena Caicedo Tenorio, Rodolfo Salazar Ledesma, Nelson Villacís, Vania y Miguel Ángel Preciado, Magda Cazañas, Magaly Madam, Julia Erazo, Xavier Oquendo, Natalia Robelly, Luis Yaulema, Ricardo Sempértegui, Francisco Terán, Aida Marcela Herrera, Sandra Beraha, Daniel Carmigniani, Narda Tamayo, Gabriel Zambrano, Diango Gil, Henna Brown, Yuliana Ortiz y Wladimir Garrido; quienes con su apoyo contribuyeron para que este sueño se hiciera realidad. Para concluir, doy la bienvenida al escenario a Vania Preciado, a Teresa Álvarez y a Rodolfo Salazar Ledesma, para quienes solicito un fuerte aplauso, muchas gracias.

 

Carlos Garzón Noboa

 

 

Aurelio Arturo

Colombia

 

 

 

NODRIZA

 

Mi nodriza era negra y como estrellas de plata

le brillaban los ojos húmedos en la sombra:

su saliva melodiosa y sus manos palomas mágicas.

¿O era ella la noche, con su par de lunas moradas?

¿Por qué ya no me arrullas, oh noche mía amorosa,

en el valle de yerbas tibias de tu regazo?

 

En mi silencio a veces aflora fugitiva

una palabra tuya, húmeda de tu aliento,

y cantan las primaveras y su fiebre dormida

quema mi corazón en ese solo pétalo.

 

Una noche lejana se llegó hasta mi lecho

una silueta hermosa, esbelta, y en la frente

me besó largamente, como tú; ¿o era acaso

una brisa furtiva que desde tus relatos

venía en puntas de pie y entre sedas ardientes?

 

Tú que hiciste a mi lado un trecho de la vida,

¿te acuerdas de ese viento lento, dulce aura,

de canciones y rosas en un país de aromas,

te acuerdas de esos viajes bordeados de fábulas?

 

 

 

 

 

 

 

Efraín Bartolomé

México

 

 

MUCHACHA EN SEAPORT VILLAGE

 

Yo bebía sambuca en el muelle de San Diego

cuando la joven negra entró en mis ojos

 

Café y sambuca le brindé (¿sin darme cuenta?)

 

Ella aceptó

 

Café y sambuca la muchacha negra:

la lengua dulce de la muchacha negra frente al mar

 

Eran las ocho de la noche

y el sol aún no se hundía:

yo me hundí en la muchacha y en el infierno

 

En la pequeña plaza la ninfa blanca de la fuente

 

Un barco

una montaña

un velero amarillo:

Seaport Village reunió todo el azul del mar

y lo puso a secar

 

En el Oriente ardía la Luna llena y en el Poniente el Sol:

equilibrio perfecto:

el desequilibrio era mi corazón

 

Tenía un vestido blanco ciñéndole la piel

como otra piel sobre la negra piel

que le ceñía el alma

 

yo medí palmos de alma en su cadera

y recorrí con mi lengua más dulce su línea ecuatorial

 

Negra de belleza brutal y espesos ojos abismales

 

Qué prodigio aquel Dios amasando esas nalgas

con tan humana inspiración

 

Divino pan

cocido con harina africana y americano sol

 

Todo para las manos del mexicano anónimo

tocado por la sal  por el mal

herido por la lanza pánica del amor ocasional

 

No era posible más negrura

mas sus areolas fueron aún más negras

y la negrura se reconcentró

en el carbonizado pezón

altivo

rabiosamente vivo

coronando la más humana flor

 

Su bosque despertó

con el rocío interno del Deseo

y se abrió

como una roja flor bajo la lluvia

 

Se hundió mi corazón en tinta negra

 

Se hundió mi corazón en el blues de sus ojos.

 

lunes, 29 de junio de 2020

¡Negras somos!

¡Negras somos! Antología de 21 poetas afrocolombianas



Clara Núñez – Barcelona

En Roldanillo, una ciudad situada en el verdísimo Valle del Cauca, que se encuentra en la parte Occidental de Colombia, al borde del Pacífico, se celebra hace más de 24 años, en el conocido Museo del Rayo, el “Encuentro de Poetas Colombianas”, para dar voz a las mujeres poetas en medio de una sociedad patriarcal, que muchas veces las ha dejado a un lado. Allí fue también donde las poetas  afrocolombianas encontraron un espacio propio de respeto, desde que en 1986 la poeta Ana Milena Lucumí Orosteguíhizo su aparición rompiendo una lanza por las poetas negras. Desde entonces, su presencia no ha parado de extenderse, y parece que poco a poco la poesía afrocolombiana está siendo valorada como parte de la riqueza multicultural del país. Herederas del movimiento del negrismo afrocaribeño y latino, su poesía combina el ritmo de la oralidad legada por sus ancestros africanos, junto con el conocimiento de la tradición poética colombiana y europea.

mujeres poetasEncuentro de Mujeres Poetas en el Museo del Rayo 2014

 

El libro: ¡Negras Somos! Antología de 21 Mujeres poetas afrocolombianas de la Región Pacífica, publicada por Apidama Ediciones, es un homenaje a todas esas negras poetas que se reúnen cada años en el Valle del Cauca, y también a otras que esparcen su poesía de raíz africana por otros canales como talleres, escuelas, diversos encuentros, etc.  La selección hecha por los editores Guiomar Cuesta y Alfredo Ocampo, es un abanico de ritmo e imágenes, de cantos y bailes; de reflexiones hechas con música que invitan a la sensualidad, a la sexualidad  y al goce de la vida con la naturaleza. Para ir abriendo boca compartimos cuatro poemas más que sabrosos.

Afrocolombia

***

Cali a la deriva

Tú no sabes nada,
yo hablaré de mis sábados
percibiendo el silencio
detrás de todo ese ruido
que cada sábado
es más ruinoso.

No sabes de las estrellas mayores
ni de las polares.
Solo sabes de una pequeña ciudad
con los vicios de las mayores.

Cali, cuánto has cambiado
en el transcurso de una vida.

Por tus rincones fui testigo del canto de los pájaros,
pero ya no hay luciérnagas
ni mariquitas rojas con puntos negros
ni lluvia de granizo
con los peces saltando fuera de tu río.

Tampoco niñas como yo,
callejeando la ciudad verde,
hermosa, tranquila,
llena de ventanas,
puertas
y muros
que nos cuentan historias.

Estás perdida
perdiste las bondades del recuerdo,
vas a la deriva
como un paisaje cibernético,
visto desde todas las vistas.

Cali,
donde mi amor baja la mirada
al pensarme
y no encontrarme
en sus calles vacías,
llenas de mutantes desconocidos.

En tanto que yo,
en casa,
la espero.

Julia Simona Guerrero | Nacida en Cali, Valle del Cauca, su verdadero nombre es Alba Ximena Gutiérrez Santander. Formada como arquitecta ha participado en distintos encuentros poéticos en Colombia, Alemania, España y Chile. En 2009 publicó el poemario Del alba hasta la tarde. Apidama Ediciones, Bogotá. Ha escrito libros de cuentos como: Cuento para niñas. La canción del exiliado y panfletos para contemplar el amanecer y realizar otros prodigios.

***

Mary Mar

Mary,
mar,
melanina con sal,
cartilla de calamar,
profesora del manglar.

Mary,
sal,
hermana del litoral,
matriz abisal.

Mary,
mar,
mamá molusco,
raya cangreja,
camada de camarón,
negra arena de sol.

Mary,
agua sal,
caballito de mar,
nalgas de algas,
pez morena,
negra de olas,
vuelo de caracolas.

Mary,
familiar,
hermana foca,
sobrina foca,
sobrina del tiburón,
nieta perca,
amante de las conchas nacaradas,
tía de la raya y la palabra.

Mary,
o
mar
o
sal,

eres
el
litoral.

 

María de los Ángeles Popov | Nacida en Roldanillo en el Valle del Cauca ha trabajado como profesora de teatro y danza en el Museo Rayo y en Casas de Cultura de Roldanillo y Zarzal. Ha participado en Talleres de Escritura Poética dictados por la maestra Marga López Díaz. Fue becada para estudiar Teatro en Cuba con su obra: Oremos y bailemos con el diablo. También ha recibido el Premio sin edición por el libro de poemas; W de Hembra de Ediciones Embalaje en el año 2000. Ha publicado las siguientes obras:

-W de Hembra. CD Multimedia de Poesía. Hoyos Editores. Manizales, septiembre, 2003.
–  Envaginarme. Departamento de Literatura. Colección de Poesía, Escala de Jacob. Cali, Valle del Cauca, 2007.

***

Mi abuelo negro

Mi abuelo nació cimarrón,
en un lugar dulce,
con nombre de flor.

Creció acunado por un río caudaloso,
arropado con un manto tejido
en selva virgen.

El sol de este pueblito tostaba distinto.

A los negros color marfil.

A los blancos color de duda.

Curaba mal de ojo,
caminaba sobre el agua.

Era cómplice de la lluvia,
detenía las tempestades.

Enderezaba cojos,
amansaba serpientes,
ayudaba a todos.

Su embrión era puro.

Creía en un mundo nuevo.

Mi abuelo nunca murió
-entre alabaos y gualis-
se fundió con el río Atrato.

Jenny de la Torre Córdoba | Nacida en Barranquilla, residente en Bogotá y ligada a Quibdó por sus ancestros, preside el Alto Consejo de Comunidades Negra en España y trabaja como corresponsal de la revistas Mia e Interviú de Madrid. Formada en Derecho y Ciencias Políticas por la Universidad de Cartagena de Indias, es Diplomada en Resolución de Conflictos por la Universidad de los Andes de Bogotá, Máster en Género, Mujer y Desarrollo por la Universidad Nacional de Colombia y Doctorada en Perspectiva de Género en Ciencias Sociales de la Universidad Complutense de Madrid. También colabora como Consultora Externa de la Secretaria de Estado y Cooperación Española. Entre otros muchos escritos, ha publicado un libro de poemas: Sonata en Exilio. Apidama Ediciones. Bogotá, 2007.

***

Arco Iris

Estaba pensando…

Si acaso los negros más puros tendrían que ser:
¡negros! ¡ Muy negros de piel!

De piel negra azul
o negro café.

Hay negros muy dulces
y bellos también,
como roca fina,
como azúcar morena
o como panela en miel.

Hay negros dulces,
negros, muy negros,
pero no de piel.
hay negros rosados,
amarillos, blancos,
canela y café.

Y son negros puros,
que aman su raza,
sus ancestros, su cultura.

¡Ay de aquel!

Que se atreva a insinuar
que estos negros no son negros
porque les cambiaron la piel!

Dionicia Moreno Aguirre | Nacida en Cali, en el Valle del Cauca, es hija adoptiva de Buenaventura desde 1968. Diplomada en Liderazgo Afrofemenino y Ciencias Políticas, de la Universidad Libre de Cali, ha participado en los Encuentros de Mujeres Poetas Colombianas, en el Museo Rayo, Roldanillo en Valle del Cauca entre 2006 y 2009. Es fundadora del Taller literario Palabras abiertas. Ha participado en el 1,2º y tercer encuentro de Poesia Erótica de Buenaventura, Susurros de pasión. Forma parte de la Red de Mujeres Afrocolombianas, Kambiri.

Fotos vía: Museo del Rayo + www.librosyeditores.com

***

+ Clara Núñez . Licenciada en Periodismo por la Universitat Autònoma de Barcelona y postgraduada en Estudios Africanos por el Centre d’Estudis Africans y la Universitat Pompeu Fabra. Sus ámbitos de interés son la música, el arte y la literatura. Curiosa incansable de África en concreto y del mundo en general.

domingo, 28 de junio de 2020

"Tocá ese tambor hijo mío": 10 poetas negras del Pacífico colombiano

Compartimos un poema de diez mujeres poetas de la región Pacífica, incluidos en la célebre 'Antología de mujeres poetas afrocolombianas', de Guiomar Cuesta y Alfredo Ocampo. Un acercamiento a la diversidad estética y rítmica de la poesía de la región.

El resultado fue la antología ¡Negras somos! Antología de 21 poetas afrocolombianas de la región Pacífica, presentada en la Feria del Libro del Pacífico de la Universidad del Valle. Su buena recepción y el continuado interés de seguir robusteciendo la lista llevaron a Cuesta y Ocampo a ampliar su proyecto, cuya segunda parte (en la que se incluyeron mujeres afro de toda Colombia) fue publicada en 2010 por el Ministerio de Cultura en su Biblioteca de Literatura Afrocolombiana: Antología de mujeres poetas afrocolombianas.

“Afirmamos que estas poetas afrocolombianas están renovando y subvirtiendo con su obra un viejo canon de poesía. Por ello, queremos ante todo contribuir con la labor de resaltar este fenómeno poético, como también reseñar y difundir esta producción y la creatividad de estas mujeres poetas afrodescendientes y lo que sus excelentes e innovadores poemas y poemarios representan”, escriben en el prólogo a la antología. “Ellas no solo recogen la tradición rítmica de la poesía que heredaron de sus vertientes africanas, transmitida en forma oral y musical, sino que establecen una nueva perspectiva con su dicción, con su intención, con su transignificación. Así, articulan una nueva dinámica, con el eje concreto del propio texto del poema”.

La antología, quizá la más completa de mujeres poetas afrodescendientes del país, incluye más de cincuenta nombres. Ahora que comienza el Festival de Música del Pacífico Petronio Álvarez, seleccionamos un poema de diez mujeres poetas de la región Pacífica como un breve acercamiento a la diversidad estética y rítmica de la poesía de la región.

Si quiere consultar el libro completo, haga clic aquí.

Mary Grueso Romero

Nació en Guapí, Cauca. Vive en Buenaventura, es Licenciada en Español y Literatura de la Universidad del Quindío. Escritora, poeta y narradora oral, ha escrito entre otros, los libros El otro yo que si soy yoDel baúl a la escuela, El mar y túPoesía afrocolombiana, Negra soy y el disco compacto Mi gente, mi tierra y mi mar. En 1997 recibió el reconocimiento como la primera mujer poeta consagrada del Pacífico caucano, otorgado por la Normal Nacional. Actualmente se desempeña como docente en Buenaventura, donde reside. Al igual que María Teresa Ramírez y Elcina Valencia, Mary Grueso fue designada por la directora del Encuentro de Poetas Colombianas, Águeda Pizarro Rayo, como ‘Almanegra’, el equivalente a ‘Almadre’, el más alto reconocimiento a las mujeres poetas colombianas que han logrado la excelencia en su obra poética.

Negra soy 

¿Por qué me dicen morena? 
Si moreno no es color, 
yo tengo una raza que es negra 
y negra me hizo Dios. 

Y otros arreglan el cuento 
diciéndome de color 
dizque pa’ endúlzame la cosa 
y que no me ofenda yo. 

Yo tengo mi raza pura 
y de ella orgullosa estoy, 
de mis ancestros africanos 
y del sonar del tambó. 
Yo vengo de una raza que tiene 
una historia pa’ contá 
que rompiendo sus cadenas 
alcanzó la libertá. 
A sangre y fuego rompieron, 
las cadenas de opresión, 
y ese yugo esclavista 
que por siglos nos aplastó. 

La sangre en mi cuerpo 
se empieza a desbocá, 
se me sube a la cabeza 
y comienza a protestá. 

Yo soy negra como la noche, 
como el carbón mineral, 
como las entrañas de la tierra
y como el oscuro pedernal. 

Así que no disimulen 
llamándome de color, 
diciéndome morena, 
porque negra es que soy yo.

Elcina Valencia Córdoba 

Nació en Puerto Merizalde, Buenaventura. Inició su labor artística en 1979. Es egresada de la Normal Juan Ladrilleros de Buenaventura. Obtuvo una maestría en Educación de la Universidad Católica de Manizales, Caldas, y es directora del grupo musical Kantares y de la Escuela de Expresión Cultural Tradiciones del Pacífico. Entre sus publicaciones se cuentan Todos somos culpables (poemas y cantos) (Roldanillo, Valle: Embalaje-Museo Rayo, 1992), Rutas de autonomía y caminos de identidad. (Buenaventura: Impresos y Diseños Eva, 2001) y Susurros de palmeras (Buenaventura: Litografía Palacio, 2001).

Currulao 

Son de marimba y zapateo, 
quejido de ancestro, 
sinfonía de manglares, 
las mujeres te bailan, 
los hombres te beben, 
te gritan, te buscan, 
la noche te conversa 
con sus voces de tambores. 

Será larga la noche de concierto, 
estoy vestida con mi falda de boleros 
para ritmiar tus notas marimberas 
asonantando las palabras cununadas 
en un escubilleo sin palabras 
que me mueva los pies en el tablao 
con magia dancística torbellinezca, 
nubarronezca de giros y coqueteos, 
marímbame, embriágame de música las venas 
con tu tamb tamb que llegue al infinito. 

Currulao, son de marimba y zapateo.

María Teresa Ramírez

Nació en Corinto, Cauca, y vive en Cali. Licenciada en Historia y Filosofía en la Universidad del Valle, ha publicado tres libros de poesía: La noche de mi piel (Roldanillo, Valle del Cauca: Embalaje/Museo Rayo, 1988), Abalenga (Roldanillo, Valle del Cauca: Embalaje/Museo Rayo, 2008) y Flor de Palenque (Artes Gráficas del Valle, 2008). En el XXIII Encuentro de Mujeres Poetas Colombianas del Museo Rayo en 2007, su directora la designa como ‘Almanegra’, junto a Mary Grueso y Elcina Valencia. 

Tocá ese tambor

Tocá ese tambor hijo mío, 
vuelen sobre él tus manos mestizas, 
confluye a tu sangre africana, 
confluye a tu sangre india. 
Tocá ese tambor hijo mío, 
cierra los ojos y vuela, 
en las notas temblorosas 
ritmo de baile africano, 
cante tu boca bembita, 
tromponcita y cariñosa. 

Tocá ese tambor hijo mío, 
vuelen tus manos mestizas, 
en los sonidos de África, 
con tu boca medio bemba 
y tu pasita amonada.

Amalia Lú Posso Figueroa 

Nació en Quibdó, Chocó, y vive en Bogotá. Es psicóloga de la Universidad Nacional de Colombia y se ha desempeñado como psicoterapeuta, directora y psicóloga del Centro de Atención Integral al Preescolar, y como coordinadora de excelencia académica de la Universidad Nacional de Colombia. Ha sido profesora catedrática en la Pontificia Universidad Bolivariana de Medellín, la Jorge Tadeo Lozano y Universidad de los Andes. Dentro de sus publicaciones se cuentan Ven vé, mis nanas negras (Bogotá: Brevedad, 2001); La gallina picotdeoro y el gallo cocorocó (Bogotá: Consuelo Mendoza, 2001, selección de textos Juan Gustavo Cobo) y Barujo, al ritmo de mis nanas (Medellín: Comfama, 2004), entre muchas otras.

O mejor 

Es el calor, calor sofocante y pegajoso del Chocó, de Saigón, de Cholén.

Es el calor. 

El calor donde el viento se detiene ante la densidad y se quiebra en mil pedazos, minúsculos pedazos que se convierten en lágrimas de aguacero; 
golpea los techos de paja, o mejor, se desliza por ellos, 
aguijonea como alfileres, los cuerpos exultantes de sudor, de 
   cadencia, de hambre al roce; rueda electrizante sobre la piel que 
   expele olor a flor de pacó. 

La humedad se expande y sube; 
o mejor, baja y penetra;
o mejor, sale a flote, rueda en zigzag; 
o mejor, en línea recta, produciendo la necesidad de ser restregada con ternura; 
o mejor, con violencia para apaciguar; 
o mejor, precipitar prolongando el estertor tan parecido a la muerte; 
o mejor, a la vida que brota envolviendo; 
o mejor, liberando el deseo de salir; 
o mejor, de entrar con amor o sin él, 
desbaratando la sensación de aguacero, de calor, de sal, de vendaval reprimido, de girar alrededor de sí mismo; 
o mejor, alrededor del otro, que libera la desazón y se reduce; 
o mejor, se amplía a un solo significado: el de amante.

A los trece años, cuando los adultos piensan que todavía jugamos a las muñecas, conocí, o mejor, empecé a conocer a través del calor del clima, todo el calor del cuerpo, con un hombre mayor que guió sus manos certeramente, posesivamente, o mejor, pausadamente, como corresponde a quién sabe culminar bien una faena. 
Comparto con Marguerite Duras el amor por la vida y la vehemente necesidad de contar historias, ¡pero lo que Marguerite Duras nunca supo, fue cómo compartimos el mismo amante!

Sobeida Delgado Mina 

Nació en Buenaventura, Valle del Cauca. Es licenciada en Español y Literatura de la Universidad del Quindío y diplomada en Etnoeducación por la Secretaría de Educación de Buenaventura. Es docente activa del Colegio Militar Técnico Almirante Tono de Buenaventura desde el 2008. Hace parte de la antología ¡Negras somos! Antología de 21 mujeres poetas afrocolombianas de la región Pacífica (Cali: Universidad del Valle, 2008).

El vuelo de un cóndor

No enciendan las luces 
que tengo desnuda 
el alma y el cuerpo, 
ya no queda nada, 
solo escombros, 
y migajas, 
de los dulces labios 
que besó mi boca, 
del néctar prohibido 
que embriagó mi piel, 
de la noche ardiente
que entre tus brazos 
calcinó mi ser. 

No enciendan las luces 
porque el tierno manto 
que abriga mi piel, 
de mí se ha alejado, 
para calentar 
con suaves caricias 
en otro jardín. 

Ya no queda nada, 
más que mi cuerpo desnudo, 
ahogado en el mar 
de las tristes lágrimas 
que de mis ojos brotan. 
No enciendan las luces, 
que tengo desnudo 
el cuerpo y el alma

Paulina Cuero Valencia

Nació en Guapí, Cauca. Vive hace treinta años en Cartago, Valle. Está dedicada a la docencia. Ha participado en varias oportunidades en el Encuentro de Mujeres Poetas Colombianas del Museo Rayo, en Roldanillo, Valle del Cauca. Escribe desde hace quince años, razón por la cual estudió Español y Literatura. Cuenta con un libro de poemas, Piel a piel.

No me hieras

No me mires por debajo de tus hombros 
como si no fuera naide, 
pues quizá yo valgo más que tú. 

No vengas a impresionarme 
con esas palabras raras 
y tu hablaito bonito. 

No vengas aquí a decime 
que yo no sirvo pa naa, 
yo ni entré a la universiá, 
y quizá no se lee. 

Pero no hay mejor escuela 
que la escuela del saber, 
la escuelita de la vida, 
la escuelita a la que juí. 

No vengas a despreciá, 
lo que te puedo brindá, 
pues no son cosas lujosas, 
ni muy finas, ni muy sabrosas, 
pero las doy con amor. 

No vengas aquí a decime 
con desprecios y mentiras, 
lo que aprendí con ejemplo, 
lo que aprendí con amor. 

Porque la tierra es testiga 
de mi lucha y mi sudor, 
pues me vio dejá de ser niño 
pa volverme too un señó. 

Usted puede sabé mucho, 
los libros se lo enseñaron, 
pero envidia yo no siento, 
porque eso también lo conozco. 

Lo he aprendido día a día 
de un erro, tras otro erro; 
me lo ha enseñao el sol, 
me lo enseña la naturaleza, 
aunque ella no tenga voz. 

Por eso so carajito 
doblégate un poquitico 
porque vos no sois más que yo.

Nelly Patricia Lerma Rosas

Nació en Buenaventura, Valle del Cauca, y es administradora financiera egresada de la Universidad del Quindío. Presta sus servicios a la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales (DIAN) en la Administración Especial de Aduanas de Buenaventura.

Punto G

Muerde tu boca 
mi pezón desnudo 
y mi cuerpo ardiente 
de amor salvaje 
te pide a gritos: 
¡Tómame! ¡Tómame! 
En un suspiro.

María de los Ángeles Popov

Nació en Roldanillo, Valle del Cauca. Asiste desde hace catorce años consecutivos a los Encuentros de Poetas Colombianas del Museo Rayo, en Roldanillo, Valle del Cauca. Fue profesora de teatro en la Casa de la Cultura de Roldanillo y en Zarzal. Estudió teatro en Cuba con una beca ganada por obra Oremos y bailemos con el diablo. Entre sus libros se cuentan: W de hembra. cd multimedia de poesía (Manizales: Hoyos, 2003); Envaginarme (Cali, Valle del Cauca: Departamento de Literatura, 2007, Colección de Poesía, Escala de Jacob); hace parte de la antología Cosecha de viento verde (Roldanillo, Valle: Embalaje, Museo Rayo, 2004).

Beso con lengua

Sexo oral 
Morfema de lenguas, 
vocalización perfecta de la a entre las piernas,
posición de sensaciones, 
fonema íntimo, 
cavidad nasal, 
triángulo donde se moja la lengua, 
abertura máxima, 
pubis vocálico, 
baja lenguas, 
voz, 
vagina fonética, 
papila gustativa, 
morfología, 
pronunciación íntima, 
paladar explorador del exotérmico, 
saliva, 
sí-laba, 
si, 
a
cerrada, 
abertura pélvica, 
vocálica, 
a
máxima, 
menor,
media, 
lengua, 
anterior, 
posterior, 
respiración, 
morfema, 
no se pueden cerrar las piernas, 
orgasmo, 
sonido sin habla,
sonoridad, 
resonador, 
acento, 
donde no se habla, 
solo se gime, 

se 
redime 
el movimiento.

Lorena Torres Herrera

Nació en Buenaventura, Valle del Cauca. El Licenciada en Arte Dramático en la Universidad del Valle y especialista en Pedagogía del Folclor en la Universidad Santo Tomás. Asiste cada año al Encuentro de Poetas Colombianas, Museo Rayo, Roldanillo, Valle del Cauca. Escribe poesía, piezas teatrales, cuentos y canciones folclóricas. Su primer libro de poesía se llama Afroascendiendo.

Atarrayando el olvido

El negro cogió su canoa 
y metió su canalete al agua 
y se fue con el río, 
para ver si en algún recodo 
podía atarrayar el olvido.

La nostalgia se enganchó en su anzuelo 
y en su katanga cayeron mil lágrimas, 
pues se marchaba, llevando consigo 
–como único equipaje– 
su desesperanza. 

Miró al horizonte buscando en el mangle 
encontrar a su dolor remanso. 
Pero su mirada se clavó como ancla 
en aquel paisaje donde solo había 
un sol ya en ocaso. 

Ya no había esteros, 
ya no había vida en los raiceros, 
ya el verdor del campo se había fundido 
con el azul del cielo 
y como de una pintura fueron borrados 
cual si fueran manchas. 

Todo, todo fue arrasado 
y el negro lloraba 
–pues sabía 
que en cada canaletazo 
iba dejando trozos de su vida–. 
Su trasmayo se rompió una tarde 
cansado de atrapar recuerdos
de tantas masacres, 
cuerpos mutilados por el poderío 
de una cruel violencia 
cuyo rostro, para él, 
siempre fue desconocido, 
aquel paraíso que fuera su tierra 
se había extinguido. 

Y ahora… 
el agua está impura, 
se enrojeció el verde, 
siembras de amarguras, 
cosechas de muerte, 
se acabó la caña, se pudrió el trapiche, 
ya no hay caimito, calabazo, plátano, pescao, 
piangüapepenan, ni viche. 

Ya no se oyen risas, solo se oyen llantos, 
cayó la marimba, cesaron los cantos, 
se hundió la balsada, se ahogaron los santos, 
se quemó la casa y hoy reina el espanto. 
Y el negro… 

El negro cogió su canoa 
y metió su canalete al agua 
y se fue con el río 
para ver si en algún recodo 
podía atarrayar el olvido. 

Su pie tocó 
un día playas extranjeras,
a su canoa y canalete 
despidió en la arena 
y emprendió el camino 
hacia un futuro incierto 
sin su río, sin su tierra, 
sin su mar y sin sus sueños. 

Él seguirá viviendo,
él seguirá luchando, 
llevando en su pecho 
una loza fría 
sobre su corazón muerto. 

El negro cogió su canoa 
y metió su canalete al agua 
y se fue… 
Se ha ido con el río. 

Anda desesperadamente buscando el olvido, 
olvido que jamás se alcanza 
cuando lo que se ha perdido, 
cuando lo que se nos ha arrebatado, 
ha sido… ¡el alma!

Lyda Cristina López Hernández

Nació en Ginebra, Valle del Cauca. Es licenciada en Educación Básica Primaria, de la Universidad San Buenaventura de Cali y licenciada en Pedagogía Reeducativa de la Universidad Luis Amigó. Fue finalista en el concurso Ediciones Embalaje, del X Encuentro de Poetas Colombianas con el libro Palabras al margen. Tiene un libro de poemas publicado, Estación del delirio (Cali: Universidad del Valle, 2006, colección Escala de Jacob). Se desempeña como docente en el Colegio Jorges Isaacs, del municipio de Cerrito, Valle del Cauca, desde 2004.

Noches de búhos

¡Cómo dejarte sin saber 
que la cobardía es mermelada 
de todas las tardes! 

Noche y silencio 
van diluyéndose tras los búhos 
perseguidos por fantasmas. 

Al desaparecer mi vecina, 
la pesadumbre del ocaso 
se hizo más lenta. 

La alborada sigue pintando 
nueva fatalidad en el día. 

Amigo mío: la guerra 
cabalga sin tregua, 
pisotea los sueños 
y no le perdona al tiempo. 
SUEÑO DEL BOSQUE. 
Vivo en el bosque 
de palabras. 

Un arco iris dibujado 
con el alma de un mendigo 
visita el horizonte. 
Y los sueños de todos 
los inocentes habitan 
una casa abandonada.

Lea completa la ‘Antología de mujeres poetas afrocolombianas‘ haciendo clic aquí.

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