El azul de Silvia es diferente. Los indígenas guambianos dicen que el color de su cielo limpio de nubes solo se parece a la vida. Por eso, decidieron utilizar esta tonalidad en sus faldas largas desde que se asentaron en este rincón montañoso del oriente del Cauca.
Los vestidos de los guambianos llenan de tradición indígena las calles de Silvia. Los hombres caminan en silencio junto a las casas de paredes blancas y ocasionan un contraste inevitable con los azules brillantes de sus faldas masculinas.
Aunque le huyen a las miradas curiosas y a las cámaras fotográficas, los guambianos saben que los colores de esta pequeña población se transforman debido a sus bufandas fucsias, que simbolizan la sangre, y a sus adornos de colores intensos que incluyen el negro porque representa la fecundidad de su tierra.
Las montañas que rodean el pueblo también son fértiles en colores. Un abanico de verdes se extiende hacia el páramo de Las Moras, en medio de varias quebradas que bordean los hospedajes de techos coloniales.
En Silvia los hostales se multiplican en cada calle. Las casas de amplios corredores y piezas gigantescas se convirtieron en sitios de descanso para los visitantes. Esta artesanal industria de turismo surgió ante la afluencia de turistas que llegan a esta localidad en busca del silencio, de los paisajes de montaña y de las rutas hacia la cultura guambiana.
También hay hoteles grandes y cabañas de apariencia campesina que pueden servir de punto de partida para recorrer los caminos que conducen a la capilla de Belén, construida en una esquina de la población sobre una colina que sirve de mirador.
En medio del viento y el frío estos caballos identifican casi de memoria los recorridos hacia lugares como Las Tres Cruces, situadas en un pequeño cementerio levantado en la cima de una montaña, y hacia Puente Real, una estructura pintada con los colores indígenas en inmediaciones del resguardo de Guambía. situado a 15 kilómetros del pueblo.
A este resguardo, que comprende 18,000 hectáreas de terreno, se puede llegar en los caballos o en una chiva campesina que pertenece a las excursiones organizadas por la Casa Turística de Silvia.
En Guambía, en donde habitan la mayoría de indígenas, se producen algunas de las artesanías y de los alimentos que cada martes inundan la plaza de mercado de Silvia. Ese día los sombreros de copas y las botas de cordones de los guambianos se toman las calles.
Llegan con sus esposas y sus bebés envueltos en tejidos de lana. Algunos bajan de las montañas en motos de ruidos ensordecedores que son el legado de la bonanza de la amapola, registrada hace algunos años.
Aunque las casas de los guambianos pasaron del barro al cemento, la población sigue manteniendo su tradición artesanal. Todos los días permanecen abiertas tiendas en donde se ofrecen desde inmensas ruanas de lana hasta adornos diminutos para las manos.
Esta inclinación hacia las artesanías fue aprovechada por los propietarios de la Casa Turística de Silvia, que montaron en este sitio un pequeño museo con las creaciones de artesanos de unos 200 países del mundo.
Cada corredor del museo está decorado con artesanías colgantes y figuras procedentes de naciones como Tailandia, Polonia, Perú, Bolivia e India, entre otros. La entrada a este lugar cuesta 300 pesos por persona. Aquí también funciona un hotel con 30 habitaciones.
Pero además de los colores de la artesanías, Silvia ofrece los colores de la comida. La trucha arco iris se consigue en un lago situado en el sector de Guambía y los nativos ofrecen al visitante el Changuar, una bebida embriagante que tiene distintas tonalidades de acuerdo con las clases de frutas que se utilicen para su fermentación
Por: ANDRES MOMPOTES. Enviado Especial de EL TIEMPO
05 de marzo 1998 , 12:00 a.m.
Los vestidos de los guambianos llenan de tradición indígena las calles de Silvia. Los hombres caminan en silencio junto a las casas de paredes blancas y ocasionan un contraste inevitable con los azules brillantes de sus faldas masculinas.
Aunque le huyen a las miradas curiosas y a las cámaras fotográficas, los guambianos saben que los colores de esta pequeña población se transforman debido a sus bufandas fucsias, que simbolizan la sangre, y a sus adornos de colores intensos que incluyen el negro porque representa la fecundidad de su tierra.
Las montañas que rodean el pueblo también son fértiles en colores. Un abanico de verdes se extiende hacia el páramo de Las Moras, en medio de varias quebradas que bordean los hospedajes de techos coloniales.
En Silvia los hostales se multiplican en cada calle. Las casas de amplios corredores y piezas gigantescas se convirtieron en sitios de descanso para los visitantes. Esta artesanal industria de turismo surgió ante la afluencia de turistas que llegan a esta localidad en busca del silencio, de los paisajes de montaña y de las rutas hacia la cultura guambiana.
También hay hoteles grandes y cabañas de apariencia campesina que pueden servir de punto de partida para recorrer los caminos que conducen a la capilla de Belén, construida en una esquina de la población sobre una colina que sirve de mirador.
Los paseos hacia la tranquilidad se pueden efectuar en caballos que son alquilados a orillas del río Piendamó por una asociación que se conformó para ofrecer este servicio a los turistas.
En medio del viento y el frío estos caballos identifican casi de memoria los recorridos hacia lugares como Las Tres Cruces, situadas en un pequeño cementerio levantado en la cima de una montaña, y hacia Puente Real, una estructura pintada con los colores indígenas en inmediaciones del resguardo de Guambía. situado a 15 kilómetros del pueblo.
A este resguardo, que comprende 18,000 hectáreas de terreno, se puede llegar en los caballos o en una chiva campesina que pertenece a las excursiones organizadas por la Casa Turística de Silvia.
En Guambía, en donde habitan la mayoría de indígenas, se producen algunas de las artesanías y de los alimentos que cada martes inundan la plaza de mercado de Silvia. Ese día los sombreros de copas y las botas de cordones de los guambianos se toman las calles.
Llegan con sus esposas y sus bebés envueltos en tejidos de lana. Algunos bajan de las montañas en motos de ruidos ensordecedores que son el legado de la bonanza de la amapola, registrada hace algunos años.
Aunque las casas de los guambianos pasaron del barro al cemento, la población sigue manteniendo su tradición artesanal. Todos los días permanecen abiertas tiendas en donde se ofrecen desde inmensas ruanas de lana hasta adornos diminutos para las manos.
Esta inclinación hacia las artesanías fue aprovechada por los propietarios de la Casa Turística de Silvia, que montaron en este sitio un pequeño museo con las creaciones de artesanos de unos 200 países del mundo.
Cada corredor del museo está decorado con artesanías colgantes y figuras procedentes de naciones como Tailandia, Polonia, Perú, Bolivia e India, entre otros. La entrada a este lugar cuesta 300 pesos por persona. Aquí también funciona un hotel con 30 habitaciones.
Pero además de los colores de la artesanías, Silvia ofrece los colores de la comida. La trucha arco iris se consigue en un lago situado en el sector de Guambía y los nativos ofrecen al visitante el Changuar, una bebida embriagante que tiene distintas tonalidades de acuerdo con las clases de frutas que se utilicen para su fermentación.
SI USTED VA...
Silvia está situada a 2.647 metros sobre el nivel del mar y su temperatura promedio es de 14 grados centígrados.
Si se viaja desde Popayán se toma la vía Panamericana hasta Piendamó, en donde se realiza el desvío hacia Silvia. Todo el trayecto tiene 55 kilómetros de extensión por una carretera pavimentada en buen estado.
Desde cali el viaje tiene una duración de dos horas a través de la carretera Panamericana hasta Piendamó.
En la localidad hay hospedajes familiares que cobran un promedio de 8.000 pesos por persona. Las habitaciones no cuentan con baño privado. El almuerzo y la comida cuestan alrededor de 3.000 pesos.
También hay hoteles como la Casa Turística de Silvia, que los fines de semana ofrece un plan de 32.000 pesos por persona y que incluye una noche de alojamiento, dos almuerzos, una comida y un desayuno.
Así mismo, el hotel de Comfandi ofrece habitaciones para dos personas a 49.000 pesos, y habitaciones sencillas a 34.000 pesos.
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